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José Sant Roz
08/04/2.006
Primero, la muerte del empresario Sandoni, luego se produce el hallazgo de los cadáveres de los hermanos Faddoul y del chofer Rivas, seguidamente cae asesinado el reportero gráfico de El Mundo; poco después se anuncia el secuestro de una señora y de sus dos hijas en Monagas, todo servido con el consabido estallido de cacerolazos, trancas, júbilos por un luto activo, batir de banderas, vehículos con luces encendidas y corneteos. Faltaba la guinda suprema en el cóctel criminal, y repentinamente aparece el Chapulín Colorado de Washington, míster William Brownfield, quien se mete en un barrio chavista de Caracas. Las órdenes urgentes del Departamento de Estado están que revientan y hay que aprovecharlas. ¿Qué hace este angelito cabeza e` ñame, allí metido en ese barrio?: pues, haciendo entrega de un donativo para un club de béisbol menor. El angelito estaba en el polideportivo Andrés Miranda, de Coche, como todo un san Nicolás: con guantes y bates para el Club Infantil de los Orioles(y que afiliado al equipo estadounidense de béisbol de las grandes ligas Orioles de Baltimore); pobrecito el tío, con su lenguaje cacafónico, qué delicado, que dulce, qué inocente. Lo estaban monitoreando los agentes de la CIA con unas diez cámaras colocadas en distintos sitios estratégicos, y seguido por un grupo numeroso de medios golpistas. El coñazo se estaba esperando, se estaba buscando afanosamente y debía surgir de los mismos que estaban montando el show, allí en Coche. Alguien que le golpeara, que lo agrediera, que lo secuestrara. Había que aprovechar al máximo la situación de perturbación que está registrando el país por el asunto manifiesto y criminal de los secuestros y asesinatos de los últimos días.
Hay que recordar que este tipo de provocación responde a todo un plan que Washington ha usado en momentos de álgida crisis política, y que ya Venezuela conoce con la presencia de Richard Nixón, poco después de la caída de Pérez Jiménez. El escenario es idéntico, tomando en cuenta además esos capciosos ejercicios militares en el Caribe organizados por el Pentágono conjuntamente con ejércitos de la OTAN. Allí por allí merodeando unos cuatro mil soldados de Estados Unidos, Holanda, Bélgica, Canadá y Francia participarán en la maniobra denominada Joint Caribbean Lion, en Curazao y la isla francesa de Guadalupe.
Hay que recordar que habiendo caído la dictadura de Pérez Jiménez, y habiéndose revuelto muy feamente las aguas en el país, con el peligro para el Norte de que la izquierda tomara el poder, se pulsó la crisis venezolana con la presencia de Richard Nixon en Venezuela. Con Nixon se movilizaron algunos acorazados en el Caribe, y también varios francotiradores de la CIA, quienes estaban dispuestos a provocar una masacre cuando Nixon estuviera entrando en el Panteón Nacional. De este hecho, a la intervención amada de los marines mediaba un paso. A Nixon sólo le dieron un buen baño de escupitajos, pero eso no fue suficiente. Wolfang Larrazabal totalmente asustado, iba de un lugar a otro, hablando con el embajador americano, pidiendo auxilios a los comunistas y a Jóvito Villalba, y sobre todo, tratando de controlar con la televisión un posible caos social, abortar realmente una masacre porque él estaba al tanto de toda la trama.
De aquella experiencia se le advirtió severamente a Larrazabal y a muchos dirigentes políticos, que si permitían que los comunistas “abusaran de la legalidad democrática”, EE UU no vacilaría un segundo en mandar a sus marines para “restaurar el orden y la libertad”. La lección parece que fue muy bien entendida, y Betancourt quedó encargado de llevar las riendas de las decisiones previamente dispuestas en Washington.
Hoy la situación del ataque diplomático para desatar luego una invasión se hace cada vez más evidente, con declaraciones contra Venezuela desde México, Costa Rica, Ecuador y Perú, amén de la amenaza de los paramilitares colombianos ingresando por montones para acrecentar el estado de inseguridad del país. Paramilitares trabajando estrechamente con los agentes de la CIA, los medios lacayos y de la derecha venezolana. Ahora la orden ha sido incrementar el número de secuestros, el número de asesinatos y de delitos de todo tipo, incluyendo la eliminación de personajes de la iglesia, de la oposición.
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