inSurGente.- Algunos de los elementos fundamentales de la Ley Helms Burton que la definían como un intento estructurado y violento para la invasión de Cuba, que reunía elementos de distinto tipo: desde la entrega del “mercado humanitario” a los EEUU y sus agentes (que operaría en un país castigado por un bloqueo criminal, como lo hizo en Iraq), hasta la concesión de un monopolio informativo a la producción de propaganda que llegaría sin restricciones desde los satélites de comunicaciones controlados por el Pentágono, la Secretaría de Estado o las grandes compañías destinadas a recolonizar Cuba, aparecen descaradamente en las medidas aprobadas por Obama. Comienza también –en esta fase del “cambio Obama”- una propuesta de represión generalizada bajo la única autoridad y justicia de Washington. La cárcel de Guantánamo, con sus terribles justificaciones, extendería sus barrotes, sus jaulas, su metodología de la destrucción, la humillación, la sumisión, y la muerte a todo el territorio y a la población completa de Cuba. “Libertad” sería el sello de la servidumbre y la obediencia. Weyler retorcerá sus huesos de alegría, y los negros linchados en el “profundo sur” de Missisippi o Alabama conservarán sus gestos de espanto al mirar al hermano Barack. Antonio Maira Aparece también el inicio de la persecución a la enorme mayoría más digna del pueblo cubano; los miembros del partido comunista y las organizaciones de masa: los responsables y sostenedores de un proyecto social y económico igualitario, fraternal y solidario. El pueblo soberano de Cuba. El humanista Obama, “sonrisas y publicidad en cada acto por más cotidiano que sea”, quiere negar los derechos humanos básicos y los derechos políticos, sociales y económicos a la totalidad del pueblo cubano que se ha encuadrado en las organizaciones de la revolución: sindicatos de trabajadores, mujeres, organizaciones barriales, estudiantiles.
Los EEUU serían fuente única de distribución de derechos, bienes servicios y “plazas en campos de concentración para los excluidos”. Washington estaría por encima de la ley, fijaría la constitución básica y absorbería la soberanía del pueblo de Cuba. La nueva sociedad se basaría en la coacción, la amenaza, el premio a la traición, y la entrega al enemigo constante e implacable de Cuba. El Guantánamo de la “base-campo de concentración” se extendería a toda la isla. El nuevo presidente actúa sobre la imbecilidad generada en “occidente” por una campaña de muy largo recorrido y muy largo plazo para condicionar y crear, sobre ocultaciones y falsedades, una “opinión pública” muy agresiva contra Cuba. Vean en “leer más” el texto de Obama y un análisis sobre el mismo: el imperialismo sigue su rumbo también lo sigue la resistencia de los pueblos. Esa es la batalla. La misma que define la crisis catastrófica que se abate sobre las inmensas mayorías en todos los pueblos del mundo.
Conducta impropia (1)
Un molesto residuo de la historia

En este fin de siglo parece irremediable que el juicio público se convierta en una simple construcción mediática. El olvido, la deformación, el desplazamiento permanente de la atención pública de un asunto a otro y los criterios casi idénticos en temas esenciales, van vaciando poco a poco las memorias y diseñando una enorme indiferencia pública. Esta indolencia casi general es removida con acciones de propaganda intensiva y convertida en opinión unánime para ser recogida en las encuestas y utilizada como aval democrático. El público oscila entre la apatía y el melodrama.
Para esta opinión pública de diseño Cuba es poco más que el residuo temporal de un sistema y de un conflicto que se pierden ya en la noche de los tiempos. Su propia relación crítica con EE UU sería el último capítulo de un antagonismo ya finalizado y casi olvidado: la guerra fría. Para que ese residuo desaparezca y ese capítulo se cierre, Cuba debe pasar a integrar el conjunto de los países políticamente representados y económicamente inviables que han quedado situados en el estercolero del fin de la historia.
En ese tránsito entre la excepción sin sentido y la nada o casi nada de los países marginales sólo queda la duda de sí esa Cuba que parece resistir empecinadamente el diagnóstico de tanto sabio, se aproxima poco o mucho, o si va a cruzar y cuando la frontera de la impaciencia de occidente. Más allá de ella empezaría a ser posible una intervención de los EE UU, de la OTAN, la OEA, o de algún otro instrumento de disciplina alistado para la guerra humanitaria por la novísima "comunidad internacional" que se ha definido, con criterios de exclusión escandalosos, hace muy pocos meses durante la guerra contra Yugoslavia.
Baja intensidad y buenas intenciones
Pese a que buena parte de la información está al alcance de cualquier curioso y a que contradice drásticamente una conclusión de ese tipo, las medidas de EE UU contra Cuba son presentadas ante la opinión pública como un enfrentamiento de baja intensidad.
La percepción sobre este conflicto está vinculada al bloqueo que los media denominan "embargo" pese a que una verdadera red de presiones, de amenazas y de obediencias (cómplices o disuadidas), organizadas por los Estados Unidos, reducen implacablemente la relación de Cuba con terceros países.
Los medios de comunicación se encargan de minimizar la intensidad real de la agresión presentando el embargo como la consecuencia inevitable de unas malas relaciones bilaterales o, incluso, justificándolo como presión para que Cuba inicie un proceso de democratización. Ocultan el sufrimiento, evitan el escándalo de una agresión sin otra ley que la del más fuerte, e incluso llegan a proponer el aplauso. La ruptura sistemática de la legalidad internacional, cuyo detalle explicaremos más adelante, es envuelta con la eximente de las buenas intenciones.
Con frecuencia estas afirmaciones van unidas a la de que Cuba maneja este enfrentamiento para su propia política interna, para reforzar un régimen autoritario. La agresión norteamericana se convierte así en una coartada del propio régimen cubano. La indignación se vuelve contra la víctima.
No resulta ocioso destacar la extremada crueldad de unas medidas que han limitado dramáticamente los recursos alimenticios, sanitarios y educativos de Cuba poniendo a prueba la capacidad de resistencia de su población. En países menos estructurados que Cuba, como Irak, instrumentos similares están produciendo centenares de miles de muertos. Tales medidas, ilegales y brutales, sólo están condicionadas por una "aceptabilidad internacional" extremadamente amplia y muy flexible a la voluntad de los EE UU. Tan flexible que parece aceptar como coartada convincente la simple aplicación por Washington de fórmulas propagandísticas como la de "países delincuentes".
La "Nueva Oportunidad"
En la historia de Cuba posterior a 1898 uno de los actores fundamentales ha sido siempre el gobierno de los EE.UU. Durante los primeros sesenta años, hasta 1959, la intervención de este país en Cuba se hizo desde dentro, mediante administración directa bajo ocupación militar en los primeros años, o con mecanismos diversos de presión o de “colaboración” con los gobiernos de turno. Esa oscilación entre el alarde guerrero y la recomendación desdeñosa no descartó desembarcos periódicos o amenazadores desfiles navales ante La Habana y tampoco limitaciones constitucionales que expresaban simultáneamente el interés y el desprecio.
A partir de 1959 la injerencia tiene que ser externa y está marcada por la intervención militar camuflada, la amenaza permanente, el hostigamiento continuo y por todo tipo de operaciones clandestinas.
A partir de finales de la década de los ochenta la situación internacional ha potenciado las posibilidades de actuación y ha reducido enormemente los apoyos internacionales a Cuba. Los EE UU van a desarrollar una estrategia planificada de aislamiento mundial y de bloqueo económico total, progresivamente generalizado al resto de los países del planeta. El objetivo es más que la derrota inmediata y violenta de la revolución, su agotamiento progresivo que conducirá a medio plazo -siempre según los estrategas de Washington- a su desprestigio interno y externo, y posteriormente a su desmoronamiento. Compartiría esfuerzos con ese designio general el más inmediato y más directo de la recuperación del control político y económico sobre la isla.
Restaurando objetivos históricos los EE UU creen tener ahora su Nueva Oportunidad.[i]
Con sus Leyes en la mano
La jerarquización del nuevo orden mundial va a romper casi todos los límites a la actividad intervencionista de Washington. Por eso la operación de vasallaje va a adoptar un carácter predominantemente público, descarado incluso, con aspectos de publicidad en el uso de la fuerza. El componente encubierto pierde la prioridad. El perfil público no es un reflejo de la legalidad internacional de la política de los EE UU, sino todo lo contrario, la publicidad viene acompañada de la acentuación de la ilegalidad.
La legislación de los Estados Unidos es la prueba de todo esto. Aunque su consulta está al alcance de todos, misteriosamente, parece ocultarse a los que desde los grandes medios de comunicación compartimentan, con un sentido ético muy peculiar, las indignaciones, los toques a rebato y las llamadas al sosiego.
En las leyes del Congreso se enumeran las medidas que regulan el bloqueo. Las normas de franco y abierto carácter extraterritorial detallan también las presiones que serán aplicadas contra determinados países y sugieren otras más intensas que podrían aplicarse a quienes no respondan debidamente a las intenciones de la política de los EE UU.
En lo que se refiere a la propia Cuba no sólo aparecen los instrumentos de agresión, sino que se diseña sin el más mínimo recato toda la estructura para una “futura” dependencia. En un tiempo en el que se perfeccionan las instituciones económicas y políticas que suponen la exclusión de buena parte de los países del Tercer Mundo, y en el que se restauran los viejos protectorados coloniales en zonas de interés, nada de esto puede parecer extraordinario.
La estrategia de los Estados Unidos puede tener varias alternativas en función de la evolución de los acontecimientos. En todo caso reclama la aplicación prolongada de las medidas de bloqueo económico, de penetración informativa y agitación social, y de promoción y apoyo a la disidencia interna. Requiere también un control notable de los medios de comunicación y exige un despliegue informativo ante la opinión pública internacional. Condicionar el juicio sobre Cuba se convierte en un factor de primer orden.
A cara descubierta
En períodos anteriores las actividades públicas y las encubiertas se situaban, más o menos, en compartimentos estancos. En la actualidad no ocurre así. El Congreso de los EE UU no sólo viola la legalidad internacional al ordenar medidas contra Cuba, sino que proporciona marco y garantía a actividades que por su gravedad extrema o por la claridad con la que exhiben sus propósitos reales, deben permanecer secretas.
La “Cuban Liberty and Democracy Act of 1996 (Ley Helms-Burton), la summa legal del intervencionismo anticubano nos recuerda y autoriza la supervivencia de las actividades clandestinas contra Cuba. Las expresiones son sólo ligeramente eufemísticas: “Nada en esta Ley prohibe cualquier actividad investigadora, de protección o de inteligencia, de una agencia operativa o de inteligencia de los Estados Unidos”.
Además de las actividades de agresión y hostigamiento la superpotencia intenta reproducir, para ser usado durante el deseado proceso de transición y en la situación final "democrática" resultante, todo el instrumental de intervención cotidiana que había sido habitual en el período histórico que va desde 1898 hasta 1959. Y reproduce también la identificación de la intervención con la determinación de un modelo económico y social preestablecido por la gran potencia, en el que además la dependencia es un elemento fundamental.
Sin comprender la naturaleza de los derechos que históricamente ha ejercido EE UU en su relación con Cuba y la intención fundacional que en una espectacular vuelta atrás hasta 1898 preside la actual estrategia norteamericana, difícilmente podrá valorarse el nivel de la injerencia de Washington. Porque no sólo, como veremos enseguida, los EEUU definen y valoran, sino que de acuerdo con ese juicio cuyo derecho ejercen con exclusividad, establecen un conjunto amplísimo de sanciones contra Cuba y contra terceros países. Estas sanciones rompen sin duda la legalidad internacional salvo para los que aceptan, y no parecen pocos, que están definidas dentro del marco de una “relación especial” en la que lo legal es establecido por los propios EE UU. Retornamos con ello, en lo que se refiere a Cuba, a planteamientos coloniales y en lo que se refiere a los demás países del mundo a la aceptación de un principio de sumisión universal.
Los EEUU, paladines de una nueva y aristocrática "comunidad internacional", intentan definir, coactivamente, las relaciones de otros países con Cuba y también las de las organizaciones internacionales.
Efectivamente, no parecen tener demasiados inconvenientes en coaccionar y chantajear a los países que pueden plantear poca resistencia a sus imposiciones porque dependen, en alguna medida, de las “ayudas” de los propios EE UU, o de la disposición de créditos en organizaciones financieras, como el FMI o el BM, en las que las posibilidades de control por Washington son efectivas.
El acoso
Como siempre palo y zanahoria. El primer golpe es el “embargo”. Sus medidas están diseminadas en todo el cuerpo legal: “Foreign Assistance Act 1961”, “Trading with the Enemy Act”, “Export Administration Act of 1979”, “International Emergency Economic Powers Act”, Cuban Democracy Act of 1992, y HR 927 “Cuban Liberty and Democratic Solidarity (LIBERTAD) Act”. Supone la prohibición total de comercio con Cuba e incluye un enorme cuadro de sanciones, reforzadas en los últimos años.
El segundo golpe es la denominada propuesta de embargo internacional cuyo instrumento sería el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque la demanda de una legitimación como esa, que aparece en los textos legales del Congreso, no pasa de ser, por el momento, una maniobra de propaganda, su eficacia se deriva de las presiones diplomáticas y sobre todo de la utilización de los múltiples instrumentos de coacción que tiene Washington, especialmente contra los países del área latinoamericana y caribeña, el espacio natural para el comercio cubano.
Los EEUU se oponen a la admisión de Cuba en organizaciones financieras internacionales hasta que realice elecciones en las condiciones exigidas por los EE UU. No se trata de simples declaraciones. Como veremos más adelante se establecen represalias contra las propias instituciones de crédito. Los demás países son también apremiados para que restrinjan sus créditos a Cuba.
Un ejemplo sobre derechos humanos
Las excepciones al bloqueo son absolutamente formales y orientadas por el deseo de mantener una buena imagen pública. Puede servir de ejemplo la exportación de medicamentos. En teoría está permitida aunque se rige por una “libertad condicionada” tan fuerte que la autorización para el comercio es absolutamente inoperante.
En asunto tan delicado: la salud de todo un pueblo incluyendo ancianos y niños, la responsabilidad de una medida tan brutal tiene que ser trasladada a Cuba. Por eso la prohibición tiene que enmascararse bajo algunas "restricciones" con apariencia liviana. Las excepciones a la "libre exportación" son las siguientes: “excepto en el caso de que el artículo a ser exportado pueda ser utilizado en la producción de cualquier producto biotecnológico”, “excepto cuando exista probabilidad razonable de que el artículo exportado será reexportado” y “excepto en el caso de que exista probabilidad razonable de que el artículo exportado será utilizado para fines de tortura u otras violaciones de derechos humanos”. En otras palabras, nada de materias primas para la industria farmacéutica cubana y graves agravios para Cuba.
Además de esas limitaciones y de esa condición pasmosa cuya redacción persigue simplemente la ofensa de Cuba, a la supuesta autorización general del comercio de medicamentos se le imponen también exigencias que buscan descaradamente la posibilidad de apertura de controles de EE.UU dentro de Cuba. Los posibles envíos exigen una verificación in situ para comprobar “que el artículo exportado será utilizado para sus propósitos originales y sólo para el uso y beneficio del pueblo cubano”. Eso implica la imposición de un control y de un juicio político totalmente inaceptables para Cuba.
Los caballitos de Troya
Pero no sólo juega con el palo el gobierno de Washington. A medida que endurece cada vez más unas medidas brutales contra el pueblo de Cuba, dibuja un horizonte luminoso para el momento en que algún gobierno de transición haya pasado por las horcas caudinas que tan minuciosamente ha diseñado el amigo del norte.
Ese horizonte es la zanahoria para animar disidencias y consolar rendiciones incondicionales. Los instrumentos para la tentación son también variados. Se trata de troquelar la otra cara de la moneda de las sanciones: finalización del embargo y de todas las presiones visibles o subterráneas que lo extienden a otros países del mundo; despliegue de todas las posibilidades de asistencia; búsqueda de apoyos internacionales y de instituciones financieras. Los Estados Unidos facilitarán la reintegración de Cuba en las organizaciones interamericanas.
En el terreno de las relaciones bilaterales se ofrece la negociación de la devolución de Guantánamo o renegociación de presencia de los Estados Unidos en las instalaciones militares. En este asunto se han abandonado las propuestas más generosas que ofrecían “la terminación unilateral del arrendamiento vigente desde 1903 como gesto de buena voluntad"
El factor humanitario
Como intenciones humanitarias están camufladas las de controlar un mercado asistencial que abra camino a la política de los EEUU. Se admiten donaciones de alimentos a organizaciones no gubernamentales o a personas en Cuba. Además, si éstas donaciones son de medicamentos no están sometidas a las restricciones ni a la verificación in situ que mencionábamos anteriormente.
Entre las condiciones que se le imponen a un gobierno de transición aceptable para Washington está la de dar "garantías o seguridades de que permitirá la distribución rápida y eficaz de asistencia". El gobierno no tiene sin embargo el control de esta distribución. Esta cooperación es proporcionada, coordinada y distribuida por las autoridades de los EE.UU. que autorizaran el acceso al mercado de distribución a las organizaciones no gubernamentales y al sector privado.
Indudablemente la asistencia está planeada como una medida más para prefijar las condiciones y determinar los resultados de un proceso electoral. Para facilitar más el control, Washington mantendrá el embargo y todo el cuadro de sanciones hasta que un gobierno democrático esté en el poder. Y este gobierno democrático instaurado bajo condiciones aprobadas por el presidente de los EE UU tiene que someterse también al cumplimiento de las nuevas determinaciones que para él ha fijado el Congreso norteamericano. Están hechas para condicionar desde fuera el sistema económico y social de Cuba.
Conductas éticamente impropias
Una parte muy importante de las posibilidades de éxito de la nueva fase fundacional se deriva de la extensión de las sanciones, o mejor dicho de las agresiones, al ámbito internacional. A esto han dedicado los Estados Unidos importantes esfuerzos.
“El pueblo cubano desea ser asistido de una decisiva manera para el fin de la tiranía que lo ha oprimido durante 36 años, y el continuado fracaso en hacerlo así constituye una conducta éticamente impropia de la comunidad internacional”. En contraposición, el Congreso define en este apartado cuál es la conducta internacional éticamente adecuada.
“Al determinar su relación con otros países -dice la Cuban Democracy Act- los Estados Unidos tomarán en cuenta las relaciones de aquellos con Cuba”
Los países de la antigua Unión Soviética han sido objetivo fundamental de estas presiones. No en vano las relaciones económicas y comerciales de Cuba tenían, a finales de la década de los 80, ese ámbito geográfico como destino fundamental. La Freedom Support Act, enmendando la Foreing Assistance Act de 1961, condicionó la ayuda a Rusia y a las “nuevas democracias” a que terminen su apoyo a Cuba en ayuda militar, subsidios comerciales y económicos y asistencia nuclear. Todas y cada una de las leyes han reiterado esta advertencia que las condiciones económicas en las que han entrado estos países han convertido en un mandato imperativo.
La última y más detallada de las leyes del Congreso, la tantas veces mencionada “Cuban Liberty and Democratic Solidarity (LIBERTAD) Act de 1996, detalla minuciosamente que la solidaridad no es posible. La enumeración de conductas sancionables es implacable: el comercio “no basado en el mercado”, “el que proporciona mercancías o servicios en términos más favorables a los aplicados en sus mercados”, las “exportaciones a Cuba que envuelven subvención, precio preferencial o subsidio", las "importaciones desde Cuba con tarifas preferenciales", los "cambios que incluyen adelanto de mercancías", los "acuerdos bajo los cuales Cuba no paga transportes, seguros o costes financieros", las "reducciones de deudas“.
Todos los países del mundo que de alguna manera mantienen relaciones desiguales con los EE.UU. son amenazados si osan ayudar o simplemente mantener relaciones comerciales con Cuba. Los gobiernos de tales países "no tendrán derecho a recibir asistencia en virtud de la Ley de Ayuda Exterior de 1961" ni tampoco "en virtud de ningún programa, al perdón o reducción de su deuda con el gobierno de Estados Unidos".
Otro frente de ataque son los países de América Latina. Son los socios comerciales naturales de Cuba por razones de afinidad cultural y proximidad geográfica. Todos ellos pueden ser afectados de manera importante por la prohibición general de comerciar y conceder créditos a Cuba, en tanto negocian deudas externas con los EE.UU. o dependen de alguna manera de programas de asistencia. No obstante se les recuerda expresamente, a los países de la OEA, la necesidad de "no habilitar fondos ni ninguna otra asistencia al gobierno cubano". También se chantajea a las organizaciones financieras internacionales. El Congreso de los EE.UU no sólo ha decidido que los representantes del país en esas instituciones -BM, FMI, BID- utilicen su voto y su influencia, para negar a Cuba la condición de miembro y la concesión de cualquier crédito, sino que han ordenado retener las cuotas que corresponden a su país si esa concesión se produce.
El efecto de estas prácticas, claramente ilegales en el plano internacional es demoledor para Cuba.
Hay dos terrenos en los que Washington ha extendido su jurisdicción mucho más allá de sus fronteras, penalizando las actividades legales de terceros países fuera del territorio de los Estados Unidos. Como excepción son relativamente conocidas. La primera afecta a los buques que entren en puertos cubanos. Con ello se pretende imposibilitar económicamente los fletes o encarecerlos hasta límites insoportables para la economía cubana.
La segunda es la relación de sanciones, que podrán hacer efectivas los tribunales de los EE.UU., contra las compañías de cualquier nacionalidad que comercien, inviertan o participen en empresas en Cuba, sobre o en las que estén implicadas propiedades confiscadas por el gobierno cubano a ciudadanos de los EE.UU. El catálogo de confiscaciones se extiende hasta 1959.
Es importante llamar la atención sobre el efecto conjunto de todas estas medidas ¿En que grado conserva una mínima libertad de relación con Cuba cualquier país del Tercer Mundo sometido a presiones, advertencias, represalias y amenazas?. ¿Y en que medida todo este cuadro coactivo afecta también a la conducta de los aliados europeos cuyos inversores y buques pueden ser perseguidos por los tribunales de los Estados Unidos, y cuyas empresas pueden perder las posibilidades de intervenir en el mercado de ese país?. ¿Y que decir del funcionamiento de las instituciones financieras internacionales?.
La alternativa militar
A la espera de que tenga éxito el bloqueo, Cuba tiene que convertirse en una amenaza para los propios Estados Unidos y también para la comunidad internacional. Lo exige la no abandonada opción militar. Los motivos de esta amenaza se sitúan entre el absurdo y la hipocresía, pero no por ello pierden eficacia.
Pese a que Cuba es, sin duda, uno de los países más vigilados del mundo, y a la ausencia de evidencias en ese sentido, una de las acusaciones reiteradas es la de "implicación del gobierno de Cuba en el comercio internacional de drogas".
El fenómeno de la emigración estimulado desde Miami también se ha convertido en una amenaza permanente: “dado que el gobierno continua chantajeando con la liberación de otra ola de refugiados que huyen de la opresión de Castro, la mayoría de quienes encuentran su camino en las costas de Estados Unidos reduciendo los recursos humanitarios y de otra clase (sic)(...) el Presidente ejercerá todo su poder para dejar claro al gobierno de Cuba que una nueva manipulación política del deseo de escapar de los cubanos que terminase en una emigración en masa (...) sería considerado como un acto de agresión que tendría una adecuada respuesta en orden a mantener la seguridad de las fronteras de los Estados Unidos”.
En un plano más general: “A lo largo de los últimos 36 años, el gobierno de Cuba ha planteado y continua planteando una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos” “la continua amenaza de terrorismo y el robo de propiedades de nacionales de los Estados Unidos”.
Una última amenaza, más peculiar que todas las anteriores, se refiere a las instalaciones nucleares en Cuba. “En vista de la amenaza a la seguridad nacional planteada por el funcionamiento de cualquier instalación nuclear... el Presidente hará todo lo que este en su mano para dejar claro al gobierno de Cuba, que la finalización y puesta en funcionamiento de cualquier central nuclear, será considerada como un acto de agresión el cual obtendrá una adecuada respuesta... en orden al mantenimiento de la salud y la seguridad del pueblo de los Estados Unidos”. Tal observación recuerda inmediatamente aquella cláusula V de la Enmienda Platt que obligaba al cumplimiento por parte de Cuba de los planes de saneamiento de las poblaciones de la isla con el fin de evitar el desarrollo de enfermedades epidémicas y proteger al comercio y al pueblo de los Estados Unidos.
El cuadro de amenazas a los EE.UU. amplía su espacio geográfico de riesgo cuando Cuba es acusada nada menos que de amenaza a la paz y a la seguridad internacionales. Las causas invocadas eran, en 1992, “las intervenciones militares y las actividades subversivas en todo el mundo” y, en 1996, el “apoyo a la subversión armada y el terrorismo así como el adiestramiento y apoyo a grupos dedicados a la violencia internacional”, y también “El gobierno de Castro continua utilizando el chantaje, tal como en la crisis de emigración... y otras inaceptables e ilegales formas de conducir o influenciar las acciones de estados soberanos en el hemisferio occidental en violación de la Carta de la OEA y otros acuerdos y leyes internacionales”. Sobra otro comentario que el de recordar que esas acusaciones relativas a las intervenciones militares, a las actividades subversivas y a los chantajes provienen, nada menos, que de los EE.UU.
Un axioma histórico
Tal vez lo más significativo de todo este intervencionismo viene dado por lo que está implícito, pero no oculto, en los textos legales. Es el clima general que preside las declaraciones más o menos solemnes sobre los derechos del pueblo cubano, las largas relaciones de agravios, pendientes de reparación, que Cuba ha inferido a los EE UU, las minuciosas descripciones de medidas coactivas que se van a aplicar, y las publicitarias promesas de ayuda para posibles gobiernos cubanos más serviles. Es el hecho mismo de que los representantes legales del pueblo de los EE UU sustituyen al pueblo de Cuba y se convierten en una verdadera asamblea constitucional que fija los principios básicos del orden social, económico y político de la isla.
Todo ello responde a la recuperación del axioma histórico fundamental de la política de Washington con respecto a Cuba: los EE.UU. tienen el derecho a controlar y dirigir todo el proceso político y la gestión económica en la isla.
Con un desparpajo total, impertinente y ofensivo, los representantes legales del pueblo de Estados Unidos se pronuncian sobre la historia de Cuba, definen la naturaleza que ha tenido la relación de este país con el suyo, diagnostican sobre las características y emiten el juicio definitivo sobre su sistema social y político, señalan las condiciones que harían aceptable -para los EE.UU.- a un gobierno de transición y un gobierno democrático en la isla, y se reservan la potestad de examinar y certificar la incorporación de Cuba a la “comunidad de países democráticos".
Los Estados Unidos están reproduciendo un acto fundacional similar al que realizaron hace justamente cien años: la liquidación de una situación preexistente y la formulación de las nuevas condiciones políticas y económicas. Como en aquella circunstancia pretenden pasar por encima de un largo esfuerzo de liberación del pueblo cubano.
La democracia viene del Norte
Los Estados Unidos, siguiendo una larga tradición de injerencia en América Latina, que ha sido particularmente intensa en toda la historia de Cuba anterior a 1959, pretenden ahora fijar las condiciones de un proceso de transición y del ejercicio de un poder democrático en la isla.
Las condiciones para un gobierno de transición o democrático cumplen dos funciones diferenciadas. De una parte sirven como modelo para un cambio y como estructura de una nueva situación. De otra son las preguntas de un examen que realizan los EE.UU., y de cuyo resultado depende el fin de las sanciones y la integración de Cuba en el seno de los países que no son particularmente molestados por la gran potencia.
Esas condiciones están perfilando los mecanismos de un proceso de “homologación democrática” del régimen cubano y, naturalmente, condicionando o determinando los resultados.
El gobierno de transición, para serlo, debe darse prisa para predeterminar el sistema económico y social de Cuba. Para ello se le impone como requisito fundamental que “los derechos individuales a la propiedad privada hayan sido restaurados y sean efectivamente protegidos y extensamente ejercidos en Cuba"
Inevitablemente -para cumplir con unos requisitos elaborados por los EE.UU.- cualquier gobierno de transición "debe excluir a Fidel y Raúl Castro y a todas las personas investidas por ellos de autoridad" y también debe haber "extraditado a todas las personas buscadas por el Departamento de Justicia", es decir, colocado bajo la jurisdicción norteamericana a todos los enemigos de Washington.
Después de una fase de transición y elecciones en la que los EE UU se reservan el monopolio del mercado asistencial e informativo y el veto sobre los candidatos, el nuevo gobierno que ha pasado por el filtro determinado por el Congreso y manejado por el presidente de los EE UU, debe de pasar por nuevas pruebas de calidad. Sujeto a ellas, el reconocimiento de un gobierno como democrático corresponde de nuevo al gobierno norteamericano que deberá ajustarse a un catálogo detallado de condiciones, algunas de las cuales, por cierto, no tienen nada que ver ni siquiera con los mecanismos de elección y de poder político.
Un gobierno democrático, por ejemplo, va adquiriendo la condición de tal en la medida en la que ”está moviéndose claramente hacia una economía de mercado basada en el derecho de poseer y disfrutar la propiedad”. Ocioso es señalar que se refiere a la posesión y disfrute individual. Otra vez nos encontramos con una determinación externa, global y sin alternativas, del sistema económico y social de Cuba.
Puesto que las sanciones no dejan de aplicarse en las “condiciones” de un gobierno de transición, y puesto que el propio gobierno democrático está también fuertemente condicionado en sus opciones básicas y calificado de acuerdo con un programa que han definido los EE.UU, esto quiere decir que el fin del bloqueo, de las medidas de aislamiento internacional, de la enorme presión que sufre Cuba, no depende sólo de la celebración de un proceso electoral en las condiciones fijadas por los USA, sino de su resultado. La sustitución de voluntades y la absorción de soberanía va mucho más allá de un simple proceso electoral. A la vista de todo esto es lícito concluir que sólo una identificación extrema con los EE.UU. puede permitir pasar por este filtro político que define el Congreso de los Estados Unidos. Dicho de otra manera: únicamente los representantes políticos de Washington en Miami, los dirigentes del exilio, podrían aceptar en nombre de Cuba este expolio de soberanía.
Ya que los resultados están sometidos a aceptación o rechazo externo nos encontramos con el modelo de elecciones bajo coacción que tan buen resultado le dieron a los Estados Unidos en Nicaragua.
La moda del protectorado
Indicando otra vía de retorno a los elementos más escandalosos del pasado, los Estados Unidos pretenden imponer un verdadero protectorado sobre Cuba. Como muestra, dos elementos.
El primero es el asesoramiento militar que se pretende restablecer de manera inmediata. En efecto, “la cooperación para la preparación de las fuerzas militares cubanas a ajustarse al nuevo rol en una democracia y un gobierno civil que podrá incluir ayuda para alojamiento, educación y adiestramiento” aparece en el paquete asistencial ofrecido a los gobiernos de transición y democrático. Su aceptación está incluida por lo tanto como condición de reconocimiento de un gobierno de transición. Recordemos que tal gobierno debe haber dado “las adecuadas seguridades de que permitirá la distribución de asistencia”. En lenguaje más claro: cualquier transición en Cuba reclama el regreso de la misión militar expulsada en 1959.
El segundo es el Consejo EE UU-Cuba. Demuestra la absoluta falta de respeto a la soberanía cubana o, más aún, el desconocimiento de esa soberanía una vez se haya liquidado el actual régimen cubano. Debe ser puesto en marcha cuando se determine la existencia de un gobierno de transición. Dicho Consejo tiene las dos siguientes funciones que definen su estructura y se complementan la una a la otra: “coordinar al gobierno de Estados Unidos con el sector privado de ese mismo país, en respuesta a un cambio en Cuba y para promover el mercado como base del desarrollo en la isla” y “establecer encuentros periódicos entre representantes de EE.UU. y sectores privados cubanos para facilitar el comercio bilateral”.
El Presidente de los EE UU coordina el futuro económico de Cuba con los sectores privados de ambos países. Pero los dos no tienen las mismas funciones ni las que tienen poseen la misma importancia. En lo que se refiere a los sectores cubanos, con el papel subordinado de “abre- fronteras”, es claro que el proyecto apunta hacia los realmente existentes o, lo que es lo mismo, al exilio cubano de Miami.
Dos concepciones sobre derechos humanos
Pese a la orientación inmediata de la economía cubana a la satisfacción de las necesidades sociales básicas, y a los gigantescos esfuerzos realizados durante décadas en las áreas de la protección de la infancia, la educación general, la salud universal, el derecho efectivo al trabajo y la cobertura de la dieta alimenticia para todos; a pesar también de los precedentes históricos de hambre, paro, analfabetismo y ausencia de cobertura sanitaria mínima; el actual sistema político cubano es caracterizado por su “indiferencia a normas de derechos humanos”.
En ese mismo sentido la sentencia se hace absoluta y la caracterización se transforma en meramente propagandística: “La naturaleza totalitaria del régimen de Castro ha privado al pueblo cubano de cualquier método pacífico para mejorar sus condiciones".
La garantía efectiva de los derechos sociales básicos: salud integral y preventiva, derecho a una dieta alimenticia, protección de la infancia, educación gratuita y universal, derecho al trabajo y a la integración social, no figuran en el catálogo de derechos humanos de Washington. Sí figuran “los derechos individuales a la propiedad privada” que deben “haber sido restaurados, efectivamente protegidos y extensamente ejercitados en Cuba” para que este país goce de la clemencia de los Estados Unidos. La marcha forzada hacia una economía de mercado es la condición del reconocimiento internacional que manejan y garantizan los EE.UU.
No es ninguna osadía teórica deducir que el desarrollo de ese breve catálogo de derechos humanos que tan denodadamente defienden los congresistas y los políticos estadounidenses, implica la desaparición de esas garantías que enumerábamos anteriormente, la destrucción inmediata de los sistemas de protección, de salud y de educación de Cuba.
Al fin y al cabo la providencia liberal, la ley natural del mercado, no ofrece más que felicidad en el fin de los tiempos. Garantiza, eso sí, una corta marcha hacia la miseria.
Los sabios no quieren saber En nuestro tiempo los sabios no quieren saber. Eluden toda responsabilidad aunque afirman la doctrina.
Mirando a Cuba han desarrollado una especial capacidad crítica y una notable tendencia al escándalo porque tales cosas, en el peor de los casos, no tienen coste alguno.
El otro lado es, sin embargo, absolutamente opaco. Los ejemplos son continuos.
Mientras en Cuba, las medidas para la represión del "jineteo", o en un terreno mucho más grave el incremento de las penas aplicadas al abuso sexual de menores, o al tráfico de drogas, provocan un escándalo de semanas, los planes del modelo "Tolerancia cero" aplicados en las grandes ciudades de los EE UU para la represión de los delitos menores en los barrios marginales no causan el menor reparo.
Un análisis del instrumento legal que pone en marcha el Congreso y el gobierno de los EE UU demuestra la reinstalación de un principio intervencionista tan acusado como en los peores tiempos de la relación colonial. Dicha intervención postula, con la máxima claridad, la recuperación del poder económico de EE UU en Cuba y la implantación de un sistema capitalista según los criterios que definen, en exclusiva, los políticos de Washington. Y no se crea que esto es cualquier cosa. La “América Free Trade Act” presentada en el Senado de los Estados Unidos el 25 de enero de 1994, que constituye una verdadera apología del neoliberalismo más ortodoxo dice lo siguiente: "los países que observen una política consistente de libre mercado, de promoción de la libertad de empresa y otras libertades económicas (incluyendo la protección efectiva de los derechos de la propiedad privada), de remoción de barreras a las inversiones directas extranjeras en el contexto de un gobierno constitucionalmente limitado y de la mínima interferencia en la economía, seguirán la más segura y más efectiva norma para aliviar la pobreza y proveer al desarrollo económico, social y político"
A la vista del proceso de empobrecimiento catastrófico que han seguido Rusia, Ucrania y la mayor parte de los países del Este, y del deterioro imparable de los exiguos sistemas de garantía social de los países del Tercer Mundo, el otro lado de la revolución no debe ser, a estas alturas, demasiado incierto.
La estrategia de los EE UU ha tenido un fuerte éxito en el control y el manejo de la opinión publica. Los medios de comunicación se han convertido en uno de los instrumentos fundamentales de la agresión a Cuba. El mundo intelectual se ha mantenido ajeno o ha participado en esta estrategia cuyo primer objetivo “cultural” ha sido el ocultamiento de la historia.
Pedro Moragues Molina Antonio Maira Rodríguez
(1). El Viejo Topo, nº 135, diciembre 1999
Las medidas y los planes de Obama
[USINFO-NOTICIAS] Administración Obama inicia cambios en política respecto a Cuba
Administración Obama inicia cambios en política respecto a Cuba
(Levantan restricciones de viajes y envío de remesas) (1231)
"La administración de Obama toma medidas para promover un mayor contacto entre las familias separadas en Estados Unidos y Cuba y aumentar el flujo de remesas e información hacia el pueblo cubano", indica la hoja informativa publicada por la Casa Blanca el 13 de abril sobre las nuevas medidas con respecto a Cuba
A continuación una traducción de la hoja informativa:
(empieza la hoja informativa)
LA CASA BLANCA Oficina del Secretario de Prensa PARA PUBLICACION INMEDIATA 13 de abril de 2009
HOJA INFORMATIVA: AUMENTAR EL CONTACTO CON EL PUEBLO CUBANO
La administración de Obama ha anunciado hoy una serie de cambios en la política estadounidense para aumentar los contactos con el pueblo cubano en apoyo de su deseo de determinar libremente el futuro de su país. Al tomar estas medidas para ayudar a superar la división existente entre las familias cubanas y promover el libre flujo de información y elementos humanitarios hacia el pueblo cubano, el presidente Obama trabaja para completar las metas que identificó tanto durante su campaña presidencial como desde que tomó posesión del cargo.
Todos los que abrazan valores esenciales de la democracia desean profundamente una Cuba que respete los derechos humanos, políticos y económicos básicos de todos sus ciudadanos. El presidente Obama considera que estas medidas ayudarán a que esta meta se haga realidad.
Las conexiones familiares con Cuba de los estadounidenses de origen cubano no son sólo un derecho básico en términos humanitarios, sino también nuestra mejor herramienta para ayudar a estimular una incipiente democracia de base en la isla. No hay mejor embajador de la libertad que los estadounidenses de origen cubano. Por lo tanto, el presidente Obama ordenará a los secretarios de Estado, Hacienda y Comercio a que apoyen el deseo del pueblo cubano por la libertad y la autodeterminación al suprimir todas las restricciones de visitas familiares y remesas y que tomen medidas que faciliten mayor contacto entre miembros de familias que están separados en Estados Unidos y Cuba y el aumento del flujo de información y de recursos humanitarios directamente al pueblo cubano. El presidente también solicita al gobierno cubano que reduzca las cargas que impone a las remesas que se envían a la isla para que los familiares de aquellos que envían apoyo tengan la seguridad de recibirlo.
En particular, el presidente ha ordenado a los secretarios de Estado, Hacienda y Comercio a que tomen las medidas necesarias para:
. Levantar todas las restricciones a las transacciones relativas a viajes de familiares a Cuba.
. Eliminar las restricciones a las remesas a familiares en Cuba.
Autorizar a los proveedores de telecomunicaciones estadounidenses a realizar acuerdos para establecer instalaciones de telecomunicaciones de fibra óptica y satélite entre Estados Unidos y Cuba.
. Otorgar licencias a proveedores de telecomunicaciones estadounidenses para realizar acuerdos de servicios de conectividad con proveedores de telecomunicaciones de Cuba.
Otorgar licencias a proveedores de radio y televisión por satélite estadounidenses para que establezcan las transacciones necesarias para ofrecer servicios a clientes en Cuba.
Otorgar licencias a personas sujetas a la jurisdicción de Estados Unidos para activar y pagar a proveedores estadounidenses y de terceros países por servicios de telecomunicaciones, radio y televisión por satélite proporcionados a individuos en Cuba.
. Autorizar la donación de cierto número de aparatos de telecomunicación para el consumidor sin que sea necesaria licencia.
. Añadir ciertos elementos humanitarios a la lista de elementos elegibles para la exportación mediante excepciones a las licencias.
AUMENTAR EL CONTACTO CON EL PUEBLO CUBANO
El apoyo al deseo del pueblo cubano de determinar libremente su futuro y el de su país es parte del interés nacional de Estados Unidos. La administración Obama toma medidas para promover un mayor contacto entre las familias separadas en Estados Unidos y Cuba y aumentar el flujo de remesas e información hacia el pueblo cubano.
Eliminar todas las restricciones a visitas a familiares en Cuba
Eliminaremos todas las restricciones a las visitas a familiares en Cuba al autorizar tales transacciones con una licencia general que fortalecerá los contactos y promoverá la buena voluntad estadounidense. Aseguraremos que este esfuerzo tenga un alcance positivo al:
. Definir qué familiares pueden recibir visitas - familiares de hasta tercer grado de consanguinidad (primos en segundo grado) y permitir que individuos que comparten residencia común como familia con un viajero autorizado los acompañen;
. Eliminar limitaciones en la frecuencia de las visitas;
. Eliminar limitaciones a la duración de las visitas;
. Autorizar las cantidades de gastos que sean las mismas que las de viajes no familiares; y
Eliminar los límites de 44 libras de peso en el equipaje que se traslada.
Eliminar restricciones a las remesas
Eliminaremos las restricciones a las remesas a familiares de una persona en Cuba para aumentar el acceso de los cubanos a recursos que ayuden a crear oportunidades para ellos al:
. Autorizar remesas a individuos de hasta tercer grado de consanguinidad (primos en segundo grado) siempre que no se autoricen remesas a miembros del gobierno de Cuba o del Partido comunista de Cuba que actualmente tienen prohibido recibir el envío de remesas;
. Eliminar los límites a la frecuencia de las remesas;
Eliminar los límites a la cantidad de remesas;
. Autorizar a los viajeros a transportar hasta 3.000 dólares en remesas; y
. Establecer licencias generales para bancos y otras instituciones de depósito para que trasladen remesas.
Autorizar mayores enlaces de telecomunicaciones con Cuba
Autorizaremos mayores enlaces de telecomunicaciones con Cuba para promover la interacción entre personas sin costo para el gobierno de Estados Unidos. Esto incrementará los medios por los que los cubanos en la isla podrán comunicarse entre ellos y con personas fuera de Cuba.
. Autorizar a los proveedores de redes de telecomunicaciones estadounidenses a realizar acuerdos para establecer instalaciones de telecomunicaciones por cable de fibra óptica y satélite entre Estados Unidos y Cuba.
. Otorgar licencias a proveedores de servicios de telecomunicaciones estadounidenses para establecer y operar acuerdos de servicio de conectividad con los proveedores de servicios de telecomunicación de Cuba.
. Otorgar licencias a proveedores de servicios de radio y televisión por satélite para participar en las transacciones necesarias para ofrecer servicios a clientes en Cuba.
. Otorgar licencias a personas sujetas a la jurisdicción de Estados Unidos para activar y pagar a proveedores estadounidenses y de terceros países servicios de telecomunicaciones, radio y televisión por satélite proporcionados a individuos en Cuba, excepto a ciertos funcionarios principales del partido comunista y gobierno cubanos.
. Autorizar, de manera consistente con las preocupaciones de seguridad nacional, la exportación o reexportación de aparatos de comunicación personal donados a Cuba tales como sistemas de telefonía móvil, computadoras y programas de computadora así como antenas receptoras de satélite mediante una excepción de licencia.
Revisión de los reglamentos de paquetes con regalos
Ampliaremos el alcance de las donaciones humanitarias elegibles por medio de excepciones a las licencias al:
Restaurar la inclusión en la lista de elementos elegibles para ser incluidos en paquetes de donación de regalos suministros de ropa, elementos de higiene personal, semillas, medicamentos y suministros veterinarios, equipos y suministros de pesca, y equipo para fabricar jabón;
. Restaurar la inclusión en la lista de los elementos normalmente intercambiados como regalos entre individuos en "cantidades normales y razonables" para poder mandarlos en paquetes de donación de regalos;
. Ampliar la inclusión de los donantes elegibles para paquetes de regalos para que pueda ser cualquier individuo;
. Ampliar la inclusión de los receptores elegibles para paquetes de regalos para incluir a individuos que no sean del partido comunista cubano o funcionarios del gobierno cubano que ya tengan prohibida la recepción de paquetes de regalo u organizaciones de caridad, educativas o religiosas no administradas o controladas por el gobierno cubano, y
. Aumentar el límite al valor de elementos no alimenticios hasta 800 dólares.
(fin de la hoja informativa)
(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )
************************************************************ La Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estados Unidos distribuye USINFO-NOTICIAS. Puede encontrar información adicional en
http://www.america.gov/esp/
[i] El concepto aparece en la Cuban Democracy Act de 1992. Las citas y referencias incluidas en este artículo pertenecen a los textos legales del Congreso de los EE UU, especialmente a los siguientes: HR 927: Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act (LIBERTAD) of 1996; SRES 175; HR 611; HR 2758: Free and Independent Cuba Assistance Act of 1993, y a la mencionada CDA of 1992.
|