Se trata de una guerra por el control de las redes de oleoductos (corredores energéticos) euroasiáticos donde China juega su supervivencia al lado de Rusia. Además, en la agenda militar y geopolítica del espacio asiático Pekín, igual que Rusia, se sitúa en las antípodas del proyecto estratégico del eje EEUU-UE que militarizó la región euroasiática para desestabilizar las redes energéticas de Rusia, de las cuales China es la principal beneficiaria. Moscú y Pekín, en abierto desafío a la hegemonía europeo-estadounidense, trazaron acuerdos militares estratégicos y consolidaron un bloque militar y económico común en Asia en abierto desafío a la OTAN. Por lo tanto, nadie mejor que el gigante asiático para entender el cerco de presión internacional que vive Moscú, su socio estratégico más preciado, luego de su decisión de controlar militarmente Georgia, uno de los enclaves de la red de oleoductos de las petroleras estadounidenses controlados por el Pentágono y la OTAN en la región. La nueva "guerra fría", es antes que nada una guerra económica por el control de recursos estratégicos, y el petróleo y el gas son los dos objetivos fundamentales en disputa. Los lineamientos del "nuevo orden mundial" construido sobre la base del control de mercados y recursos estratégicos es, fundamentalmente, un orden creado para que las trasnacionales, los bancos, las petroleras y la armamentistas capitalistas, hagan "negocios". En ese juego, "El Gran Juego", Moscú y Pekin mueven sus propias piezas en el teatro de operaciones de la guerra intercapitalista por áreas de influencia que se disputa desde Eurasia y los ex espacios soviéticos hasta el Medio Oriente. Y en ese tablero, el Kremlin sabe que sólo cuenta con dos aliados: Irán y China. China, con su poderío económico de tercera economía mundial, puede desbalancear la presión económica ejercida contra Moscú desde las organizaciones internacionales controladas por el eje USA-UE, en tanto que Irán (dependiente de Rusia en tecnología militar y civil) representa el reaseguro petrolero, geopolítico y militar para presionar al bloque occidental desde el Medio Oriente. Para Putin y Medvedev, luego de posicionarse militarmente con el control de Georgia, y de comprobar la lentitud de reflejos del decadente Imperio capitalista "occidental" referenciado en el eje USA-UE, llegó la hora de conversar con los amigos. Por Manuel Freytas (*)
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