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Quito, 25 mar (PL) Las movilizaciones indígenas contra el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos desnudaron al Gobierno, interesado de cerrar ese acuerdo.
Después de 11 jornadas de crecientes protestas y bloqueos de vías y carreteras en gran parte del Ecuador, que pusieron en jaque al presidente Alfredo Palacio, el escenario político nacional se mantiene soliviantado.
Ante la ofensiva emprendida en contra de ese tratado, iniciada por los indígenas y a la cual se sumaron otros sectores sociales, Palacio buscó respaldo en el Congreso, las Fuerzas Armadas y el poder judicial.
Tal paso dejó claro que el frágil Ejecutivo no puede sostenerse a si mismo y tuvo que recurrir al apoyo de sus enemigos, los partidos políticos, los cuales le tendieron la mano, pues no desean la caída del Gobierno en un año electoral.
El líder del unicameral Parlamento, Wilfrido Lucero, rechazó los reclamos de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE) de suspender las pláticas del TLC y presionar para que se convoque a una consulta popular sobre el tema.
Lucero intentó entonces desacreditar a la CONAIE, con un errado argumento que esas protestas tenían un ingrediente externo, lo cual le valió una reprenda nacional.
Sin embargo, las declaraciones de dirigentes partidistas y diputados facilitaron conocer que los social cristianos, la principal fuerza política de este país, seguida de la Izquierda Democrática, están en favor del TLC.
A este bloque, se incorporaron las agrupaciones Democracia Popular y el Partido Renovador Institucional (Prian) del multimillonario y precandidato presidencial Alvaro Noboa.
En contra del TLC aparecen los movimientos Popular Democrático (MPD) e indígena Pachakutik, mientras queda por definirse la posición de los socialistas, rodolsistas (PRE) e independientes.
No hace falta mencionar al Partido Sociedad Patriótica, del depuesto presidente Lucio Gutiérrez, quien durante su mandato 2003-2005) inició las conversaciones del TLC y afirmaba que "el TLC va porque va".
Medios políticos sostienen que el cuerpo castrense el alto mando militar, encabezado por el general Oswaldo Jarrín, a quien definen como un pronorteamericano, está por el TLC, mientras que en la oficialidad más baja existe resistencia a ese acuerdo.
En medio de este escenario, creció el reclamo popular en contra del jefe de Estado, quien se ha negado a suspender las negociaciones del TLC, las cuales se celebran actualmente en Washington, y rechaza convocar a una consulta popular sobre el tema.
Palacio se inclinó por defender los intereses de un selecto sector empresarial, posibles beneficiados de la firma de ese tratado, y respondió con violencia a las demandas de indígenas, movimientos sociales y populares.
Tal situación generó que la mayoría de ecuatorianos reclame hoy transparencia en todo lo acordado y pendiente de negociar en el TLC y se expandan las voces favorables a una consulta sobre dicho acuerdo.
Analistas políticos estiman que el presidente ecuatoriano está avisado: los indígenas, estudiantes y grupos sociales saldrán de nuevo a las calles para reclamar sus derechos.
Las protestas no fueron desechadas, pues la CONAIE reorganiza sus fuerzas, mientras que cientos de nativos permanecen en esta capital para vigilar las acciones del régimen, el cual se tambalea desde hace 11 meses.
Organizaciones campesinas de la Costa, como la Unión de Organizaciones Campesinas de Manabí (Unocam), analizan ahora los aspectos positivos y negativos de dicho pacto.
La dirigencia indígena advirtió que si finalmente los negociadores nacionales ceden ante las presiones de Washington e empresarios locales, no permitirá que sean atropellados de los intereses de la mayoría de los ecuatorianos.
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