La vieja política dejó un abrumador déficit de viviendas. Durante más de cuarenta años se acumuló la demanda sin que los gobiernos de AD o Copei dieran soluciones. Multitud de institutos y agencias consumían cuantiosos presupuestos mientras una grotesca burocracia creció al amparo de una de las necesidades más apremiantes de la familia venezolana.
Lo más grave era que la inoperancia e irresponsabilidad de la vieja política ni siquiera tomaba en consideración el crecimiento de la población. Cada año, docenas de miles de nuevas solicitudes de viviendas se sumaban al acumulado convirtiendo el déficit en una gigantesca brecha cada vez más difícil de cubrir.
Al llegar Chávez al Poder se encontró con la más completa ausencia de una verdadera política habitacional y, en paralelo, una dramática presión social. La vivienda había pasado a ser una prioridad de las exigencias populares con el agravante de la presencia de multitud de barrios construidos en zonas de alto riesgo que requerían un plan de viviendas en paralelo.
El enorme déficit de viviendas ha sido una de las más pesadas cargas heredadas por la revolución bolivariana. Algunos cálculos moderados aprecian que se requiere más de un millón de viviendas para atender los más urgentes requerimientos. El problema se complica por dos circunstancias: la insuficiencia en la fabricación de cementos, bloques, cabillas y otros materiales de construcción debido al crecimiento del consumo por el alto nivel de grandes obras impulsadas por el Gobierno Revolucionario y, por otra parte, los altos precios impuestos por los monopolios que controlan la producción de los insumos de la industria de la construcción.
El Gobierno Revolucionario está llevando a cabo un esfuerzo gigantesco para atender y solucionar el problema de la vivienda. En este esfuerzo lo acompaña el país, cuyas esperanzas están depositadas en la buena voluntad de los funcionarios encargados de tan difícil misión.