Vive: ¿De qué manera el recrudecimiento de las tensiones entre Venezuela y los Estados Unidos está relacionado con las elecciones presidenciales venezolanas?
Vladimir Acosta (VA): Hay que ver lo que significará para los EEUU tener que soportar siete años más con Chávez en el poder (en el caso de que sea reelecto). La revolución bolivariana es un proceso que está creciendo, se está radicalizando y proyectándose hacia América Latina como ejemplo de dignidad y soberanía. Los EEUU saben que tienen que parar a este gobierno. No podrían promover una invasión porque están atorados en el Medio Oriente. Entonces, están apelando a mecanismos indirectos. La tentativa de otro golpe de estado es muy difícil porque, después del 11 de abril de 2002, la mayoría de efectivos del ejército fue depurada y hoy la mayoría de las Fuerzas Armadas apoyan el proceso. Además, el gobierno cuenta con un pueblo organizado que está dispuesto a defenderlo. Se trata de un gobierno legítimo, difícil de cuestionar. Tienen que buscar alguna alternativa.
Vive: ¿Qué alternativa?
VA: Los EEUU continúan con su proceso de desestabilización en el país financiando a la oposición, pero como esta oposición no sabe para donde ir, será muy difícil derrocar a Chávez. Es posible que repitan lo que fue un ensayo general en diciembre (cuando los partidos de oposición a última hora se negaron a participar en las elecciones parlamentarias alegando falta de transparencia), presionando por cambios en el Consejo Nacional Electoral, exigiendo volver a los sistemas de votación manual, para poder hacer trampa. La oposición probablemente se va a retirar de la contienda electoral porque no tiene capacidad de ganar, sin embargo, dirá al mundo que en Venezuela existe una dictadura. Fomentan un clima de inestabilidad para ver si, en algún momento, eso permite que organismos internacionales, como la Organización de Estados Americanos (OEA), puedan intervenir en el país con algún pretexto, como ocurrió con Haití. Esa ha sido su política. A mi modo de ver, una posibilidad, nada remota, es la tentativa de separación del estado Zulia (principal productor de petróleo del país) del resto de Venezuela y, con esto, provocar un caos absoluto. William Browsfield, anda circulando por el país y está trabajando en esa hipótesis. Otra cosa que no se puede descartar es la posibilidad de asesinar a Chávez. Sumando todo ese escenario a una crisis mundial que se pretende gestar.
Vive: Como la inclusión de Venezuela en el “eje del mal” con Irán y Corea del Norte...
VA: Sin duda. Por ejemplo, la acusación de que Chávez es antisemita no es casualidad. Eso significa accionar el enorme poder mediático del sionismo judío, vinculado a la derecha republicana, para crear un ambiente contra el presidente. Todo eso forma parte de un plan claro. Ya demonizaron al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, como hicieran también con Sadam Hussein. Ahora, él es el monstruo de moda para justificar una invasión a su país. Por otro lado, anuncian que Venezuela está vinculada a ese gobierno y está repartiendo dinero por toda América Latina para reforzar ese eje. Esa es la lógica de los EEUU. Cualquier gobierno progresista que surja en el continente es culpa de Chávez. Para ellos, los pueblos son incapaces de pensar, como el boliviano, de organizarse para luchar por sus derechos y promover la victoria de un candidato que se identifique con ellos. Los EEUU no pueden entender esa lógica.
Vive: ¿Cuál es tu evaluación de estos siete años de proceso revolucionario que tanto incomoda a los EEUU?
VA: El día 4 de febrero de 1992 marcó el comienzo de una nueva Venezuela. Estos años fueron muy difíciles. A partir de allí, empezó a radicalizarse un proceso que ni siquiera nació revolucionario. Como dice Chávez citando a Trotsky, “se fue radicalizando con el látigo de la derecha”. EL proceso se profundiza con cada ataque de la derecha. Los primeros años del gobierno estuvieron marcados por muchas dificultades. La mayoría del ejército era enemigo y estaba al servicio del poder antiguo. Todos los poderes estaban en manos de la derecha. El gobierno había creado leyes de avanzada como la Ley de Tierras, la de Hidrocarburos, mas no tenía posibilidades de ponerlas en práctica. Después el golpe, el sabotaje petrolero, puede decirse que este gobierno comenzó a gobernar a partir del 2003. En esto tres años, entonces, podemos citar algunas conquistas, como la participación social, el acceso a la salud, a la educación, a las alimentación. La inclusión del pueblo en lo fundamental: un proceso para transformar este país en un Estado donde se garantice la justicia social.
Vive: Después del golpe, el gobierno creó una especie de Estado paralelo con autonomía presupuestaria para las misiones sociales, para garantizar que la población fuese atendida sin los frenos de la burocracia impregnada en la estructura del Estado. ¿Hasta cuándo estos dos estados podrán coexistir?
VA: El problema es que esta revolución es muy lenta para el gusto de cualquiera que quiera ver cambios sustanciales. Aquí se tomó el gobierno, mas todavía no hemos tomado el poder. La mayor parte del poder continúa en manos de las viejas clases dominantes que todavía no terminan de perder el control. Fue heredada una estructura mental perversa y corrompida hace más de 40 años. Existe una clase de corruptos e individualistas, muchos de los cuales están dentro del propio proceso. Necesitamos de una lucha cultural profunda para transformar a este venezolano. Si las misiones fuesen colocadas dentro de la estructura del Estado, los programas no estarían funcionando. En parte, por la corrupción.
Vive: ¿Hay sustentabilidad para ese modelo paralelo?
VA: Creo que es necesario hacer una revolución dentro del aparato del Estado para después incorporar las misiones a esas nuevas estructuras. Esa es una de las tareas más difíciles, sin embargo es lo que permitirá empujar este proceso más allá. Aquí existen dos procesos distintos. Uno de un estado burgués, desarrollista, empresarial, autónomo, latinoamericanista, pero en el cual prevalece el capitalismo, eso no es socialismo. La fuerza de este proceso que puede ser socialista es la organización popular. Esa es la parte más débil. No se trata de un equipo de iluminados, sino de participación popular. Chávez ha tenido que ser un moderador entre estas dos fuerzas porque necesita de una para crecer, para tener una economía próspera y, al mismo tiempo, necesita desarrollar una mentalidad no capitalista y organizar a la población para defender sus derechos. Creo que estos próximos siete años (considerando la victoria de Chávez en las elecciones presidenciales) son para profundizar el proceso. Sería una garantía de que este proceso avanzará por un camino aún más revolucionario.
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