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DIARIO VEA
16/03/2.006
*CONTRA UNA estrella se estrelló, una vez más, la oposición. Es increíble, pero cierto. Resulta que un mandato histórico de Simón Bolívar, la octava estrella en la bandera, en reconocimiento del aporte de Guayana a la libertad, asumido por el gobierno de Hugo Chávez en un impecable proceso legislativo y de consulta popular, es objeto de rechazo por la oposición comandada por quien ha pasado a ser el líder de este sector del país: Óscar Pérez, un hombre cuyo currículum lo conforman varias entradas a la cárcel por el delito de robo de automóviles. *LA OPOSICIÓN venezolana no se cansa de cometer errores, o mejor dicho, de meter la pata —así como suena. Su torpeza no tiene límites. Su incapacidad para darse cuenta de lo que hoy es Venezuela, se pierde de vista. Por un lado están los temas que aborda para oponerse a Chávez. Los que con más fuerza revierten en contra suya. Los que siempre la colocan en la peor posición ante la colectividad. Aquellos asuntos que la hacen incurrir en el ridículo en forma permanente. Casos como el viaducto o la “trocha”. O casos como el más disparatado de todos, como el del separatismo del Zulia. ¿En cabeza de quién —o de quiénes— cabe que la pretensión de atacar a Chávez con esos planteamientos le quite adeptos al presidente y se los dé a la oposición? Sólo unos estúpidos, personas carcomidas por el odio, que dejaron de razonar para entregarse a la irracionalidad, pueden asumir temas de ese tipo para debatir políticamente. *PERO HAY más. Si uno hubiese pensado que con semejantes manifestaciones de mediocridad la oposición había colmado la medida y nada más tenía que agregar a esa escalada de imbecilidades, resulta que ahora surge lo de la octava estrella de la bandera. Su actitud ante ese hecho es el palo a la lámpara. Creo que a los chavistas no les hubiera ocurrido algo más ingenioso y efectivo contra la oposición que esa iniciativa. De todos los problemas del país resulta que la oposición, la que tiene presencia en los medios, convierte la nueva estrella en problema de Estado. Al extremo de llamar a una marcha —escuálida como siempre, que reveló la división que existe en ella— contra la estrella novedosa y grata para la mayoría de los venezolanos, y retornar a la consigna que presidió las derrotas de los años 2002 y 2003, todo ello sin justificación alguna. ¡Qué locura, qué falta de responsabilidad, de sindéresis, de principios y, sobre todo, de desprecio a la opinión pública! *¿PERO QUÉ se puede esperar de una oposición dirigida por un delincuente como Óscar Pérez quien logró desplazar a los restantes? La caída, como en la película sobre los últimos días de Hitler, siempre ocurre en el marco de la degradación moral y de la estupidez política.- |