* LA IGLESIA católica, al igual que el resto del país, asume con contradicciones el tema electoral.
Quiere y no quiere entrar en el juego. En su seno de debaten diversas tendencias --como en otras instituciones-- la participacionista, la abstencionista y la nini, o sea, el sector que opina que hay que ver los toros desde la barrera porque no conviene involucrarse, porque hay que mantener una postura distante de compromisos políticos.
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* PERO SU decisión de no formar parte del Comité de Postulaciones tiene evidente contenido político y es producto de intensos debates. En esos debates se expresaron diversas corrientes. La porrista -de Baltazar Porras--, enfrentada a Chávez y partidaria de acompañar a grupos radicales de la oposición. También la participacionista, que interpreta a sectores populares, curas de parroquia, monjas, seglares, que consideran que la Iglesia debe asumir la política social del gobierno. La tercerista, que auspicia una línea sin compromisos, considera con pragmatismo que su papel no es alinearse con las posiciones en pugna, sino guardar prudente distancia y ser factor de entendimiento.
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* FUE ÉSTA la que se impuso. El nuevo cardenal Urosa Savino, quien cuenta con el respaldo del Nuncio y ha nucleado a su alrededor un buen equipo, manejó con habilidad la situación. No involucrar directamente a la Iglesia integrándose a los mecanismos electorales y, al mismo tiempo, estrechar nexos con voceros calificados del gobierno y garantizar puentes, a la postre fue más atractivo que perseverar en una actitud de oposición a ultranza al gobierno.
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* LA VERDAD es que a nadie conviene una Iglesia sumergida en la diaria contingencia política, al lado del gobierno o de la oposición. Una Iglesia participando de la dinámica electoral la convertiría en una especie de árbitro privilegiado y correr el riesgo de que se viera envuelta, más adelante, en complicados episodios. Tarde o temprano tendría que definirse, lo cual no sería bueno para ella ni para el país.
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* A LOS venezolanos en la actualidad lo que nos interesa es contar con instituciones e instancias confiables. Cuando desde ciertos sectores se utilizó el peso moral y la credibilidad de la Iglesia el propósito fue obvio: contar con un factor que potenciara propósitos desestabilizadores como ocurrió en el pasado reciente, durante episodios de los que todos nos lamentamos.
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* HAY QUE recordar que la Iglesia es de todos y no sólo de la jerarquía. Y que es preferible que se mantenga en una posición de sano equilibrio, dispuesta a colaborar para que los venezolanos se entiendan, en vez de terciar a favor de un sector, sea cual sea su signo político e ideológico.-