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PIEDRA DE TRANCA-MARCIANO-El ciego y el garrote PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrador del Sistema   
viernes, 20 de enero de 2006
DIARIO VEA VIERNES 20/01/06
El ciego y el garrote
 
*EL REFRÁN es muy sabio: no tiene la culpa el ciego sino quien le da el garrote. Es sabio pero despectivo con los afectados de la vista. Porque muchas veces hay ciegos reales, que no ven, físicamente impedidos, y hay también los que se hacen los ciegos. Creyendo de paso que los demás son bolsas.
 
*ESTE CRONISTA considera que lo sucedido en la Catedral de Barquisimeto el pasado sábado, cuando el cardenal Castillo Lara arremetió contra el presidente Chávez y el gobierno nacional, hay que ubicarlo en ese contexto de los ciegos. Ni Sábato ni Saramago, que han escrito sobre el tema y perciben la ceguera como un rasgo de lucidez,  imaginarían un espectáculo como el que se planteó en la muy mariana ciudad de Barquisimeto, con motivo de la procesión de la Virgen de La Pastora. El tema podría dar pie y servir de argumento a algún buen cuento —incluso novela—, si es que el círculo elitesco de la intelectualidad venezolana en vez de ocuparse de escribir y hablar tanta pendejada sobre Chávez asumiera la creación con audacia y sin prejuicios. Pero es inútil: esa rosca está metida de lleno, por diversas razones —sin excluir la muy poderosa de la crematística—, en trabajar obsesionadamente por acabar con Chávez. En este esfuerzo se dan la mano “sesudos analistas” como dice Chávez,  y politólogos pela bola, con la carroña dirigente que sobrevive a la Cuarta República y, por supuesto, los medios que viven de la nostalgia —El Nacional, El Universal, Globovisión, Canal 2— del 11 de abril, del sabotaje petrolero, la guarimba y otras menudencias.
 
*CASTILLO LARA no es el problema. El problema genera a Castillo Lara. Éste es la punta del iceberg, como se suele decir apelando a una manida comparación. Castillo Lara es un cardenal nostálgico del poder que tuvo en el pasado. Una auténtica pieza de museo. Un hombre en extremo reaccionario. Toda la vida lo ha sido. Es el equivalente en Venezuela a los altos prelados de la Iglesia española —el famoso cardenal Segura es un ejemplo— que bañaron de agua bendita a las armas de los militares alzados contra la República, que compararon a Franco con Dios y le concedieron al Caudillo el privilegio de pasearse bajo palio en los templos. Si aquí ocurriese un hecho similar, veríamos a los Castillo Lara y a otros obispos y sacerdotes al lado de los represores, impartiendo bendiciones en los “grandes cementerios bajo la luna”, como en la obra de Bernanos.
 
*EN SÍ Castillo Lara no es nada. Es una bandera sediciosa, el salvavidas de unos dirigentes políticos sin pueblo y sin escrúpulos. Es, tan sólo, el garrote del ciego. Que colocan en sus manos unos obispos sin el coraje de éste —hay que reconocerlo—, derrotados en la reciente asamblea de CEV. Obispos y sórdidos factores de poder que se resisten a la nueva realidad del país (¡Mosca!, presidente Chávez, nunca hay que subestimar a los fanáticos).-

 
  
 
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