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Escrito por Administrador del Sistema
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martes, 25 de julio de 2006 |
* EEUU: ¿A QUIÉN CREER? NO HAY cómo saber lo que piensa Washington. Unas veces dicen una cosa los voceros del gobierno de esa nación y otras dicen algo diferente. En realidad, ¿se trata de contradicciones o hay algo más de fondo? Extraigo esa consideración por lo que sucedió recientemente sobre la posibilidad de que Venezuela acceda al Consejo de Seguridad. Mientras el embajador en Caracas, William Brownfield, negaba que Estados Unidos tratase de impedir el ingreso de Venezuela al referirse a los comentarios de la viceministra de Relaciones Exteriores para Norteamérica, Mari Pili Hernández. Pero ese mismo día un vocero del Departamento de Estado declaró que la presencia de Venezuela en el Consejo de Seguridad tendría "un impacto negativo" en la lucha contra el terrorismo internacional. ¿A quién creer? ¿Al embajador gringo en Caracas o a los voceros del Departamento de Estado? Lo que ocurre con Venezuela es igual para otras naciones. Por lo que hay que llegar a la conclusión que resulta insólito que un Estado tan poderoso tenga políticas contradictorias. ¿O es que la contradicción forma parte de la política de los Estados Unidos? Puede que si.
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* ISRAEL, ISRAEL QUIZÁ SEA la única vez que haya estado de acuerdo con una opinión política de Vargas Llosa. En un articulo en el diario El País de Madrid, el autor de la "Ciudad y los Perros", reconocido admirador de Israel, laureado en ese país y siempre visto como alguien que defiende esa causa, dijo algo que retumba en los oídos de mucha gente que, incluso, llevó al insigne poeta argentino --de origen judío-Juan Gelman, perseguido por las dictaduras del Cono Sur, a reconocer el valor de tal afirmación: "no quiero pasar por la vergüenza de ser amigo de Israel".
Lo que actualmente hace el Estado judío pasará a la historia como uno de los actos más innobles, salvajes e inmorales cometidos por gobierno alguno. Esos actos sólo son comparables a los del nazismo durante la segunda guerra mundial: ataques indiscriminados a poblaciones civiles, asesinato de mujeres, niños, ancianos, violación flagrante del derecho internacional y de los derechos humanos, todo ello en el desarrollo de una política basada en el brutal empleo de la fuerza. Israel viene perdiendo sus valores esenciales. Aquellos que le granjearon la simpatía de muchas personas en el mundo. No haber extraído de su martirio enseñanzas elementales sobre el respeto a otros pueblos y ceder a la tentación de militarizar su conflicto con los palestinos, ha sido funesto. Para los dirigentes de Israel hoy día lo que cuenta es su aparato militar, y en nombre de la seguridad nacional justifican cualquier irracionalidad. Pero no podía ser de otra manera: la condición de satélite privilegiado del imperio en la región, convierte a Israel en instrumento de la política que elabora la Casa Blanca. Así lo ven con dolor no sólo los amigos de Israel sino también miles de judíos que repudian cuanto sucede, y que se resisten a aceptar que el pueblo masacrado se convierta en pueblo masacrador.-
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