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Libertad de expresión - Carlos Escarrá PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrador del Sistema   
jueves, 23 de marzo de 2006
elmundo.com.ve Apropósito de la declaración emitida recientemente por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en la que se condena a nuestro país por supuestas violaciones a la libertad de expresión, estimo necesario realizar algunas consideraciones. Siendo Magistrado me tocó decidir sobre algunos casos que significaban conceptuar la noble labor del comunicador social, y establecer los límites que éstos tenían en su actuación. Se señaló que era una profesión de servicio público, y que por tanto debía contar con la eficiencia, eficacia, la transparencia, continuidad, además de otros elementos como la ética y una metodología propia de las ciencias sociales.

En cuanto a los límites, siempre he expresado que los mismos deben partir antes que nada de los que propiamente se imponga el mismo profesional de la comunicación social en su fuero interno, en sus valores y principios, que aunado a la fuente verificada o verificable trajesen consigo exponer la verdad en términos responsables y éticos respecto a su profesión y de la misma sociedad en la que se desenvuelven.

No obstante, de manera lamentable hemos presenciado en los últimos tiempos cómo los dueños de los medios, en el establecimiento de líneas editoriales y algunas veces en instrucciones, deforman la verdad, distorsionando deliberadamente el mundo de las realidades por el de una fantasía onírica cargada de rencores, odios y frustraciones por parte de quienes sienten que están perdiendo los privilegios que históricamente tuvieron, transformando así a los medios en partidos políticos y a los periodistas en agentes o comisarios de esos partidos.

Creo que llegan momentos de reflexión; el país tiene que tomar decisiones que nos involucran a todos, que nos comprometen desde nuestra sangre histórica hasta el sueño con una posible sociedad justa. Aquí es donde es importante la tolerancia, como acción, convicción y práctica de respeto a las ideas, a las creencias, como reconocimiento de la existencia del otro; como espacio donde podemos cohabitar con la desnudez de lo que somos, sin que ello implique una exclusión. Pero también, y como contrapartida necesaria, resulta de vital importancia que el periodismo y la comunicación social sea ejercida bajo los parámetros de la ética, honestidad y por sobre todo de responsabilidad. No puede seguirse argumentando que en nuestro país existe un cercenamiento a la libertad de expresión, cuando todos los días es posible observar en los medios de comunicación escritos y audiovisuales la amplia libertad que se tiene para expresar cualquier clase de cosas, incluso peyorativas, ofensivas y desde luego totalmente desapegadas de la realidad, resultando por ende incuestionable denunciar una violación de los derechos fundamentales en este sentido, ya que el sol no puede ser tapado con un dedo, y lo que está a la vista no requiere de anteojos, motivo por el que resulta risible la declaración emitida por la SIP en relación a nuestro país.

En nuestro país existe una amplia libertad de expresión, que incluso podría llegar a ser catalogada como excesivamente permisiva, si se toma en consideración la regulación que en esta materia existe en otros países, como resulta el caso, a manera de ejemplo, de varios de los países europeos. Por ello es que insistimos en que el ejercicio de la actividad de los medios de comunicación debe partir en función de los parámetros de la ética y de la responsabilidad, ya que no puede pretenderse en sociedad alguna, que el ejercicio de la profesión de periodista comporte una licencia para agredir y someter al escarnio público sin ningún tipo de fundamento, o para exponer mentiras de manera deliberada con intenciones ajenas a las que en realidad atiende el ejercicio de la información; en definitiva ser periodista no puede significar ser irresponsable en lo que se dice y se hace, así como tampoco puede comportar estar exento de la aplicación de la ley por causas ajenas a su ejercicio profesional, so pena de alegar ser un perseguido político.

La labor de estos profesionales es de alfareros, sembradores, forjadores de la democracia.

Ellos han de hundir sus manos en el alma para buscar el sitio donde habita la verdad, dejar caer ahí la semilla del árbol de la justicia y cuidarla permanentemente para que esos valores nos den sombra, frutos y esperanza. Actuar con responsabilidad y dignidad es sin duda su compromiso con la patria.
 
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