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Escrito por Administrador del Sistema   
viernes, 03 de marzo de 2006
Bush lleva la propuesta salomónica de una penetración a medias
Jorge Gómez Barata (Argenpress)

 
Con la audacia que da la ignorancia, Bush va a la India como parte del diseño estratégico del mundo del futuro, que aunque gobernado por unos Estados Unidos hegemónicos, no será habitado exclusivamente por norteamericanos.





Aprendí de la India leyendo relatos de Marco Polo biografías de Mahatma Gandhi y, como muchos, fui seducido por la personalidad de Indira Gandhi e impresionado por la de Nehru, su padre. Me conmovió la tragedia de esa familia y escribí un artículo sobre la curiosa anécdota de una italiana que estuvo a punto de ser Primer Ministro. Nunca se publicó, porque Sonia Gandhi declinó aquel exclusivo privilegio.






Lo lamenté, no por el artículo, sino por la paradoja de una magnifica prueba de internacionalismo y tolerancia llegada del sur, donde se han conocido y sufrido los imperios, se sabe del racismo y la exclusión y donde crecen también las esperanzas de que los hombres y las mujeres de todas las razas y credos, sean miembros de la gran familia humana.






De la India he admirado la consecuencia de su política y la madurez de su liderazgo, el modo en que ha combinado identidad y modernidad, la determinación con que ha avanzado hacía el cumplimiento de sus metas nacionales, la verosimilitud de su no alineamiento y sobre todo, porque ha probado que si se puede.






La India que alcanzó su independencia en 1947, más de 120 años después que lo hicieran México, Brasil y Venezuela y en apenas cincuenta años realizó la hazaña de convertirse en un país moderno, en una potencia científica, en una de las grandes economías del planeta, incluso en miembro del club atómico. En la India, a pesar de dolorosos eventos de odio que le han costado la vida a varios de sus gobernantes, nunca hubo un dictador ni un golpe de estado, tampoco una antediluviana oligarquía criolla dependiente del imperio.






Alcanzar todo eso habiendo librado la última fase de la lucha por la independencia, en medio de la II Guerra Mundial, a pesar de las complejas circunstancias creadas porque su territorio fue dividido en dos estados y por la circunstancia de compartir una frontera con China, sobre un territorio con las complejidades del Tíbet, lo hicieron todo más difícil.






No es ocioso recordar que la India se consolidó como Estado en medio de las tensiones de la Guerra Fría, época en que era cortejada o presionada por las dos superpotencias. De la determinación de no ceder a ninguna, nació su vocación por el no alineamiento, movimiento que ayudó a fundar y del que es un pilar.






Con la audacia que da la ignorancia, Bush va a la India como parte del diseño estratégico del mundo del futuro, que aunque gobernado por unos Estados Unidos hegemónicos, no será habitado exclusivamente por norteamericanos.






La India es uno de los pocos países del Tercer Mundo que no son estratégicamente prescindibles y uno de los que Bush puede visitar pero, donde, afortunadamente, no puede imponer las opciones políticas que sustentan la doctrina del Nuevo Siglo Americano.






A punto de convertirse en el país más poblado de la tierra, la India no aspira al aislamiento económico ni científico, ni busca una imposible autarquía tecnológica, sino que necesita socios y alianzas, siempre que ello no implique ceder decisivas áreas de soberanía.






En ese entendido existen importantes elementos de la tecnología nuclear para uso energético, que sólo pueden ser adquiridos por los países firmantes del Tratado de No Proliferación, que ella no ha suscrito.






Estados Unidos que está interesado en suministrar esas tecnologías no sólo porque es un buen negocio sino porque, de alguna manera, forma parte del diseño hegemónico, trae la propuesta salomónica de una penetración a medias.






En las próximas horas puede ocurrir que, sin modificar el Tratado de No Proliferación, se le introduzca una interpretación hasta la víspera insólita y es que un país lo asuma a medias.






Lo que Bush pedirá a la India es que separe su programa nuclear en una parte civil y en otra militar y que someta la parte civil a las salvaguardas y a las verificaciones de la Organización Internacional de la Energía Atómica. Tal vez el cometido no sea imposible, pero es una distinción muy difícil de establecer y en la que, probablemente, nunca se había pensado.






Bush va con expectativas mínimas y todo depende de que la India pise o no el palito que deja caer la trampa, cosa poco probable.






Debo añadir que en cualquier caso, la India no aceptará un doble estándar y no firmará ningún compromiso que no sea aplicable también a China y Pakistán.






Ignoro si Bush sabe que, aunque en la India hay bananas, no es una república bananera.






3/3/06

Modificado el ( viernes, 03 de marzo de 2006 )
 
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