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Halcones sionistas en la ratonera PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Administrador del Sistema   
sábado, 12 de agosto de 2006

Sábado,12 de agosto, IAR Noticias /
Curiosamente, y después de 30 días de bombardeos israelíes que ya han destruido Líbano, devastado su economía, y precipitado el desenlace de una catástrofe humanitaria con más de 1.100 muertos y 4.000 heridos, y sin que la ONU ni la comunidad internacional interviniese para detenerla, una crisis generalizada desatada en el propio Estado de Israel como consecuencia de la derrota militar terrestre, es la principal barrera que hoy afrontan  los halcones militares para continuar con sus operaciones de masacre en territorio libanés.
Este viernes, en medio de un creciente rechazo político y social a la invasión militar, con cada vez más voces de personalidades y de medios en Tel Aviv que piden un cese al fuego en Líbano,  el primer ministro israelí, Ehud Olmert y su ministro de Defensa, el ultra halcón, Amir Peretz, dieron luz verde para una operación militar a gran escala en Líbano, mientras en la ONU avanzan las negociaciones para una salida diplomática.
La decisión exaltó aún mas la crisis interna debido a que un proyecto de resolución acordado nuevamente por Estados Unidos y Francia en el Consejo de Seguridad de la ONU (el anterior fue rechazado por Rusia y los países árabes) pide un cese de las hostilidades y el despliegue de las fuerzas libanesas en el sur de Líbano, paralelamente a la retirada de las tropas israelíes.
El gabinete de seguridad israelí aprobó el miércoles el plan militar en "gran escala" para penetrar en territorio libanés hasta el río Litani, a 30 kilómetros de la frontera.
Pero a pocas horas de lanzada la ofensiva con el ingreso de las primeras columnas de infantería y blindados, se conocieron en Tel Aviv detalles de los combates y de la cifra de soldados muertos  y  heridos que el mando militar se vio obligado a revelar.
La noticia sacudió al gobierno y al parlamento israelí, donde el miércoles por la tarde y noche se suscitaron arduos debates y discusiones sobre la conveniencia de haber lanzado la invasión sin esperar la decisión diplomática en la ONU.
La presión obligó al gobierno de Olmert a dar "marcha atrás", y a negar que la invasión militar lanzada horas antes tuviera carácter de "a gran escala", como medio para calmar el frente político interno y las primeras reacciones sociales que ya se estaban generando en Israel.
No obstante la desmentida de la operación militar en "gran escala" por parte del gobierno y del mando militar, las fuerzas invasoras israelíes atacaron 130 objetivos en el Líbano en las últimas 24 horas, informaron portavoces militares citados por agencias internacionales.
El mando militar israelí reconoce la muerte de 70 soldados en las tres semanas de invasión terrestre, pero si a esta cifra se suman las producidas en las últimas 24 hora, sus bajas ya sumarían el centenar.
El jueves, en una de sus jornadas más sangrientas, las fuerzas terrestres judías perdieron 18 soldados y 16 blindados según la información de los medios y televisión árabes, cifra no reconocida por el mando israelí.
La derrota militar no asumida por el gobierno y el mando militar detonó una ruptura entre el ala militar guerrerista y los sectores alineados en el "sionismo de izquierda" de los partidos oficialistas que buscan una salida por medio de la vía diplomática.
El jueves, luego del conocimiento de las crecientes bajas israelíes en combates contra Hezbolá,  aparecieron editoriales  en los diarios a favor del cese del fuego, escritores conocidos en Israel llamaron a no ampliar la guerra sino a buscar una solución política.
A eso se agregó una manifestación en la que participaron por primera vez sectores de la izquierda sionista pidiendo una victoria política y no militar.
El jueves, la crisis experimentó una escalada con la multiplicación de las voces que piden un alto el fuego que ponga fin a la escalada militar y a las bajas de soldados israelíes.
Este viernes se publicaron  sondeos que revelan la desconfianza de la población en una victoria de las tropas de Israel sobre Hezbolá y el descontento generalizado con el gobierno de Olmert, que muchos consideran rehén del mando militar de los halcones sionistas.
A eso se suma la crítica ascendente de los medios israelíes que apoyaron inicialmente la invasión y que hoy editorializan a favor de un cese a fuego y de una salida por vía diplomática del empantanamiento militar.
De esta manera, y antes de un desenlace en el campo internacional, la derrota militar israelí en Líbano detonó en una crisis política interna que hoy se devora los afanes triunfalistas de los halcones que durante 30 días ininterrumpidos de masacres aéreas destruyeron a Líbano, devastaron su infraestructura y su economía.
Encerrados en la ratonera libanesa de Hezbolá, sólo les queda, la profundización de la masacre por aire, el "terror aéreo", para presionar una retirada "honrosa" de sus tropas invasoras.
Pero su derrota ya está escrita, adentro de Israel, cuya población, después de avalar masivamente la agresión militar al Líbano, debió elegir entre la demencia de los halcones sionistas y su propia supervivencia.

 
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